Pathways of modernization in Spain: Divergences ad convergences towards western Europe.

Profesora Anna Balletbò, Estambul 9 de junio de 2004
Turkey Bogazici University

Queridos amigos:

En primer lugar me gustaría agradecer la invitación de la Universidad de Bogazici para participar en este interesante seminario. Gracias también a mi buena amiga la doctora Mercedes Vilanova que es quien me ha recomendado.

Turquía vive hoy un momento crucial y lo que ocurre hoy aquí es en cierto modo similar a lo que ocurrió en España en el momento en que nuestro país se preparó para entrar en la Comunidad Europea y tuvo que hacer un importante esfuerzo para adaptarse a la nueva situación.

En mil novecientos setenta y siete España estaba inmersa en un proceso de democratización. Aquel año celebramos nuestras primeras Elecciones Generales. Para establecer las bases de nuestra transición el partido en el poder firmó un conjunto de pactos con los representantes de todos los partidos presentes en el Parlamento que estaban en la oposición para fijar unas reglas mínimas a través de las cuales se desarrollaría la transición. Estos pactos son conocidos como “Pactos de la Moncloa” que definieron la política económica de ajustes a la crisis en que se encontraba España.

El balance de dicha experiencia partía de dos grandes premisas que dieron sentido a todas las decisiones económicas que se adoptaron en aquel momento.

La primera se centraba en la negativa consciente de buscar soluciones a la crisis económica por una vía equivocada y costosa basada en el proteccionismo económico y el aislamiento internacional. Existía un consenso general de que la salida de la crisis no debía suponer la pérdida de las posibilidades de integración en la CEE del que la Guerra Civil y la dictadura de Franco nos habían alejado de forma dolorosa y entorno al que queríamos pertenecer por razones culturales económicas y geopolíticas. Esta sólida pretensión compartida por la sociedad española exigía evitar que se produjera una inflación galopante que nos hubiera alejado de los países centrales de la Comunidad. También nos obligaba a no incurrir en un endeudamiento que hipotecase el futuro de España.

No era un objetivo fácil. En 1977 la inflación en los meses de junio, julio y agosto se situó en un 44% lo que nos separaba en más de 30 puntos de las economías europeas. El déficit de la balanza de pagos por cuenta corriente estaba sobre los 5.000 millones de dólares con una deuda externa que se había triplicado en dos años y alcanzaba los 12.000 millones de dólares. Esos indicadores respondían a un comportamiento económico insostenible y no concedían el tiempo necesario para pactar con tranquilidad social la nueva Constitución. Nos vimos forzados a introducir fuertes medidas de ajuste.

La segunda premisa que inspiró la política económica de ajuste tenia que ver con la situación política que se crea en una naciente democracia cuando coincide con una crisis económica de dimensiones profundas. No era la primera vez que ambos hechos coincidían en España. Indalecio Prieto en 1931 vivió el triste destino que suponía tener una oportunidad democrática unida a la indeseable compañía de la gran crisis de los años 30. Los graves problemas económicos que la depresión, no creó, pero si profundizó, la caída del comercio mundial y la falta de ortodoxia presupuestaria hundió la demanda pública y con ella el apoyo a la industria básica del país. Ello constituyó una de las causas principales del fracasado intento democratizador de la II República.

Con el temor de la experiencia histórica descrita las fuerzas políticas con representación parlamentaria compartían el diagnóstico y se vieron impelidas a ponerse de acuerdo para lograr un tratamiento compartido de la crisis económica que no obstaculizara la llegada de la Constitución. Las bases de la medidas de dicho ajuste quedaron como ya he indicado recogidas en los “Pactos de la Moncloa”.

La política de saneamiento o ajuste global debía ser complementada con la política de ajustes positivos planteada en dichos acuerdos, tenía dos líneas de actuación:

1)   La flexibilidad y liberalización de los mercados de bienes y de factores debía aplicarse con toda decisión y diligencia sin dejar retrasados a determinados bienes o servicios productivos, pues esto motivaría siempre incoherencias costosas que se manifestarían  en forma de precios mayores y retrasos en el desarrollo.

2)   Los ajustes productivos. Debían producirse en dos campos diferentes de decisión: el de la reestructuración de los sectores en crisis y el fomento y estímulo a nuevas líneas productivas, que por razones tecnológicas y/o precios fuesen prometedoras de beneficios, producción y empleos para la sociedad.

Ese contenido técnico es el que se consensuó políticamente en los “Pactos de la Moncloa” y esas medidas son las que se trataron de aplicar después desde el disenso político – aunque con pactos sociales- en la etapa 1979-1982. Y también –en lo fundamental- esa política de ajustes inspiró las decisiones de los Gobiernos del PSOE, desde 1982, contando con la fortaleza de su mayoría absoluta en las Cámaras lo que reforzó las posibilidades y oportunidades de aplicación eficiente de las medidas.

Cuando se repasa la experiencia de aquellos años en materia de política de ajustes y se realiza un balance de los resultados de su aplicación, parece claro que son tres los activos fundamentales que se consiguieron:

a) Una ganancia decisiva en los equilibrios generales de la economía y una perceptible recuperación de los equilibrios de las empresas. Las ganancias de los equilibrios de la economía se manifestaron en la reducción de la tasa de inflación y en la situación de la balanza de pagos. La desaceleración desde el 44,7 a que crecía la inflación en los meses centrales de 1977, al 5% con que se cerró el ejercicio de 1987 constituyó un gran logro. Pocas sociedades han conseguido ese objetivo de menor inflación a partir de cifras como aquéllas en las que la sociedad española estaba situada en 1977.

Una ganancia igualmente espectacular se registró en el otro gran desequilibrio de la economía: el exterior. En efecto, la balanza de pagos por cuenta corriente se liquidó en 1987con superávit resultado de la aplicación con convicción políticas de ajuste, lo que permitió 10 años después de iniciado el proceso que la economía española acumulara unas reservas extraordinarias que superaban al total de su deuda externa, colocando en posición de solvencia excepcional a la economía española.

Son también éxitos perceptibles los logros importantes en los equilibrios de las empresas. Entre los datos más negativos de la crisis, ninguno alcanza la importancia que reviste la caída de las tasas de inversión privada, reflejo del comportamiento de la economía y especialmente de la reducción de los vitales excedentes  empresariales en los años centrales de la crisis económica. Este drama empresarial de la caída de los excedentes no fue vivido como un drama social, cuando en realidad, la fuerza y la capacidad de una sociedad económica no va nunca más allá de los registros positivos de las cuentas de resultados de sus empresas.

La moderación en el crecimiento de los costes reales del trabajo, mediante los pactos que fijaron el crecimiento de las retribuciones del trabajo en función de la inflación esperada y no de la pasada, permitieran con el transcurso del tiempo, una recuperación del excedente de las empresas. Y esa recuperación de los excedentes de las empresas se aplicó, en primer lugar, para reducir el volumen de endeudamiento, pero  se destinó, después, al aumento de las inversiones en capital fijo.

b) Esas mejoras en los desequilibrios posibilitó que España jugara con fundamento la carta de su integración en la CEE, logrado a merced del tratado de integración firmado a mediados de 1985.

c) Se logró asentar, entre las convicciones de gran parte de la sociedad española, la idea de que una política de ajuste racional era el único remedio a los problemas. Las propuestas arbitristas que tantas veces habían terminado ganando el poder en España, con el coste correspondiente, no se defendieron mas que por opiniones aisladas o minorías marginadas de los centros de poder y de decisión económica.

Ahora bien, frente a estos tres activos también aparecen pasivos claros que se muestran con elocuencia y de los que no podemos prescindir si queremos aprender de ellos. Esos pasivos se concretan en tres grandes grupos:

1º Uno cualitativo, que es el excesivo gradualismo con el que se aplicaron las políticas de ajuste. Dejamos muchas veces para mañana los ajustes que deberíamos haber realizado ayer. Esa pereza produjo una política de ajustes menos efectiva de lo conveniente, cuya consecuencia fue un alargamiento de la crisis y de sus males con la existencia de un peligroso cansancio sociológico en la sociedad ante la perseverancia que reclamaban las políticas de ajuste y que tanto pugnaban con nuestra inveterada inconstancia.

2º La difícil penetración de la flexibilidad en los mecanismos de la economía (liberalización y generalización del mercado) y la creciente apertura de las puertas del presupuesto al déficit público.

3º El crecimiento excesivo del desempleo y la falta de empleos suficientes para nuestra población activa, problema social grave con raíces profundas, no sólo económicas, sino también demográficas, educativas y políticas.

¿Qué nos dice el balance de dicha política económica comparando sus pros y sus contras? Lo que ese balance proclama con claridad es el mensaje de que el mantenimiento de los activos y la disminución de los pasivos del balance reclaman hoy con más intensidad que ayer, si cabe la conveniencia de dicha receta también para Turquía. Hay que defender la aplicación de las políticas de ajuste frente a los arbitristas de ocasión que predican la posible existencia de otras alternativas políticas para salir de la crisis. Ningún país del mundo está aplicando políticas diversas de las que España utilizó para ajustarse a la crisis.

Quizás deba añadirse para acentuar las líneas de actuación necesaria cuáles son las debilidades más destacadas de esta política de ajustes en nuestro país con el propósito de atraer su atención prioritaria por la política económica española en el pasado y su reflejo en los datos del presente. Se comprobará que, al menos son cuatro las actuaciones prioritarias que esa experiencia pide:

A) Aumentar las inversiones privadas, lo que equivale a sostener y, si es posible, a intensificar, sus tasas actuales de desarrollo. No hay otra vía para crear empleos duraderos en nuestra sociedad, que aumentar las inversiones productivas privadas.

Si algo prueba la experiencia, es que ninguna alternativa existente supera a la realización de inversiones privadas para aumentar el nivel de ocupación. Y si esto es así, quiere decirse que la creación de empleos dentro de su sociedad estará cerrada mientras la inversión no fluya continuamente. El hecho de que España creara empleos en los años 1986 y 1987 es la última consecuencia de una recuperación de los excedentes empresariales que se manifestaron con la realización de inversiones productivas. Por lo tanto, sólo una moderación de los costes reales del trabajo y de los costes financieros es capaz de alimentar unos excedentes empresariales importantes y, de ahí la necesidad que la política de salarios y seguridad social tengan unos perfiles exigentes en nuestro país. Si deseamos crear empleo deberemos mostrar la intensidad de este deseo moderando el crecimiento salarial y los aumentos de la seguridad social, porque sólo así será posible fomentar las inversiones productivas.

B) El déficit público elevado, persistente y de naturaleza estructural que tenia España, constituía un pasivo importante en el ejercicio de la política de ajustes. Ese crecido déficit público con un componente estructural dominante produce al menos tres consecuencias claras:

  • Afecta a la credibilidad pública de la política antiinflacionista, porque siempre existirá la tentación, con un sector público endeudado, de reducir el peso de su deuda con aumento de las tasas de inflación.
  • Déficit público elevado y tipos de interés crecientes son las dos caras de una misma moneda. Mientras el sector público no reduzca su apelación a los mercados financieros, la fuerza de su demanda y de su déficit presionarán al alza a los tipos de interés.
  • Un presupuesto deficitario que concluye siempre en un volumen de deuda considerable, produce una rigidez en el presupuesto de gastos. Los aumentos necesarios del gasto en determinados servicios públicos (como en justicia, educación y salud) se ven obstaculizados por la presencia una deuda pública creciente con gastos por intereses cada día más gravosos.

Lograr esa reducción del déficit público constituye, por todo ello, una línea de actuación prioritaria de cara al futuro de las políticas de ajuste.

C) Aumentar la flexibilidad de la economía. Hemos sido demasiado reacios en España a considerar al mercado como un asignador eficiente de los recursos económicos y hemos mantenido intervenciones importantes.

D) Mencionar que uno de nuestros errores fue no tener en cuenta de forma mas prioritaria un activo muy importante: la educación de las generaciones jóvenes y especialmente de las mujeres. No cometan el mismo error. Y esta claro que mientras no mejoren la calidad de la educación disminuirán, no sólo las posibilidades de empleo de la sociedad, sino sobre todo, perjudicaran el principal activo del que disponen para el desarrollo futuro. Porque este desarrollo está basado hoy en una dotación importante de capital humano que, mejorando el nivel de educación del país, logre elevar el crecimiento de la productividad.

¿Serán capaces ustedes de adaptar el ajuste de su conducta económica a los mensajes que transmite la experiencia pasada de otros?  ¿Cuentan con la decisión y el liderazgo político necesarios para adoptar las medidas que aseguren el incremento de las inversiones, la reducción del déficit público, la apertura a la competencia en los mercados, la mejora de la educación? Nada desearía tanto como dar una respuesta afirmativa a estas preguntas pero esto les corresponde hacerlo a ustedes.

Muchas Gracias