UN PENSAMIENTO DE IZQUIERDAS

Anna Balletbò. Septiembre 2005

Según propia confesión, la opción política de Olof Palme se basó en el estudio y la reflexión y no tuvo nada que ver ni con la pasión, ni con la conversión, ni con la rebeldía de un hijo de buena familia que un buen día decide oponerse a los suyos. Huérfano de padre y aunque su madre -como ya hemos expuesto- era feminista y practicaba la generosidad social ideológicamente era conservadora.

Palme se unió a las Juventudes Socialistas a los veintidós años y cuatro años mas tarde, en 1953, se incorpora al Partido, si bien en el momento en que se incorpora la organización política socialdemócrata carecía de la importancia que posteriormente obtuvo.

A finales del siglo XIX, cuando se crea al partido, Suecia era un estado arcaico dominado por los propietarios terratenientes, la nobleza y el clero. El descontento popular de la mano de los liberales se tradujo en la creación de un movimiento obrero, un movimiento cooperativo y un movimiento de “iglesias libres”. Dichos movimientos populares dedicados cada uno a luchar por sus objetivos, confluyeron conjuntamente emprendiendo una amplia campaña en favor de la educación y enseñaron al pueblo a organizarse y a exigir sus derechos.

Este paso fue plenamente revolucionario ya que estamos en una época donde los principios democráticos eran inexistentes y el derecho de voto no llegaría hasta 1921. Ante al acoso de una sociedad prácticamente estamental, el movimiento obrero tuvo que crear sus propios lugares de reunión donde albergar las ideas perseguidas. Así se crean las “casas del pueblo” que como funcionamiento organizativo han llegado hasta nuestros días en Suecia y también en España.

Una de las características mas llamativas de dichas organizaciones populares fue la practica democrática en el funcionamiento interno, embrión de lo que posteriormente constituiría el ejercicio de las libertades más elementales cuando finalmente fueron conquistadas a nivel de estado.

Olof Palme combatió el sectarismo dentro de las filas de la socialdemocracia sueca. El Partido Socialdemócrata había sido fundado sobre los principios de tolerancia y sus grandes fundamentos habían emanado de las organizaciones populares ya citadas, que practicaban la democracia en el interior de sus propias estructuras. Palme defendía que el partido había salido del pueblo y expresaba las reivindicaciones de las masas populares. En ello se diferenciaba de los partidos comunistas, ya que solía explicitar que los revolucionarios rusos habían estado siempre alejados del proletariado y que la toma del poder en 1917 fue organizada por un pequeño grupo de bolcheviques de élite. Solía hacer hincapié en las diferencias entre su partido y los comunistas, subrayando que los principios marxistas y/o leninistas se erigían como vanguardia del proletariado y como consecuencia de ello eran exclusivistas; por ello el respeto estricto a las decisiones tomadas por una minoría entrañaba inevitablemente exclusiones. Contrariamente, Palme defendía que el Partido Socialdemócrata era muy abierto y hacerse miembro del partido era muy sencillo. Las consideraciones de Palme debían tener una importante base cierta porque el Partido Socialdemócrata en los años setenta contaba ya con un millón de miembros.

Palme empezó a trabajar dentro del aparato del Partido en 1954. En aquella época, compaginaba el trabajo con los estudios y ya era Presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes. Palme viajó a París en dicho año para aprender francés y el conocimiento de dicha lengua fue siempre un elemento peculiar de su formación, ya que la practicó en numerosas ocasiones y a través de ella estableció un vínculo especial con la cultura francesa. A este respecto Palme recordaba una anécdota que de algún modo le vinculaba a la literatura francesa y a un idioma con el que había mantenido siempre unas relaciones peculiares. A la edad de 4 años Palme hablaba el francés mejor que el sueco, ya que debido a su tuberculosis se había visto obligado a permanecer un año entero en cama y durante dicho período de tiempo fue cuidado por una criada francesa con la que practicaba la lengua de Montesquieu. Aunque la desaparición de la criada francesa hizo que olvidara el idioma, posteriormente lo estudió durante cuatro años en la escuela, aunque en Suecia el francés ocupaba sólo el tercer lugar, después del inglés y el alemán. Palme estaba muy orgulloso de que sus dos hijos pequeños, llegada la edad en que debían escoger una segunda lengua viva en la escuela -el inglés era obligatorio-, optaran por el francés. Igualmente, solía comentar con agrado que su primogénito había empleado algunas vacaciones de verano para viajar a Francia y emplearse a las órdenes de un comerciante de vinos de Burdeos.

Durante su viaje a París, había realizado pequeñas escapadas a Nancy y a Toulouse, donde solía visitar a una anciana que enseñaba literatura francesa y de quien aprendió Corneil, Razin y Molière. Durante esta misma estancia en París, solía pasar horas cerca del Panteón, donde cada martes, como en un rito establecido, los estudiantes de derechas se enfrentaban con los estudiantes de izquierdas. Es durante esta estancia en la capital francesa que Palme se aficiona al teatro, a través del cual se introduce en la tradición clásica francesa.

En varias ocasiones Palme había confesado su amor por Francia y por ello, como Primer Ministro se esforzó siempre en mantener vivas, cálidas y estrechas las relaciones entre los dos países y entre los dos partidos socialdemócratas. Y es también en Francia, y sobretodo a su regreso a Suecia, cuando todavía lejos de plantearse entrar en la carrera política, sus deseos se centraban en especializarse en Derecho Internacional. El empleo que obtuvo en el Estado Mayor del Ejército le llevó a especializarse en el análisis de la guerra que Francia mantenía en Indochina.

La anécdota que refleja su influencia francesa es la siguiente. En 1975, durante el transcurso de una fuerte discusión con dirigentes checos, y tras haber manifestado públicamente su inquietud por el futuro de Alexander Dubcek, el dirigente comunista checoslovaco Gustav Husak le atacó con dureza. En su réplica, Palme recordó la frase del Ministro checoslovaco del Interior dirigida a los jefes de la policía a propósito de lo que se consideraban veleidades de Alexander Dubcek: “De ahora en adelante deberemos ser inexorables con todo el mundo”. Y Palme concluyó: “son las criaturas de la dictadura las que así hablan”. La frase “criaturas de la dictadura” tomó cuerpo entre los periodistas y Palme trató de recordar dónde entroncaba la espontánea frase en su cultura y conocimientos. Encontró en Los Tres Mosqueteros la conexión, cuando Madame Bonacieux era muy maltratada por “las criaturas del Cardenal”. Así, la influencia cultural francesa en la formación de Palme le había permitido acuñar desde su subconsciente una frase de Alejandro Dumas, que había arrojado contra el régimen checoslovaco.

Trabajando en el Estado Mayor del Ejército, una mañana de 1953, recibió la llamada de Tage Erlander, Presidente del Partido Socialdemócrata, y en aquella época también Primer Ministro. Palme conocía poco a Erlander, pero el Primer Ministro había oído hablar de él y, según le confesó, se había fijado en los debates que mantenía como presidente de la Unión Nacional de los Estudiantes. Erlander le propuso que fuera su secretario. En un principio Palme argumentó que ya se había comprometido en aceptar un empleo en el Ejército, y ante la insistencia del Primer Ministro, consideró la posibilidad de llevar su Secretaría durante sus horas libres. Aquí vemos a un Palme desconocedor del nivel de absorbencia de un trabajo como el que se le proponía. Empezó a trabajar para el Primer Ministro todas las tardes; posteriormente lo amplió a una mañana y, algunos meses más tarde, acabó dejando el empleo en el Estado Mayor para instalarse en las oficinas de la Cancillería.

Palme recordaba de aquella etapa la gran oportunidad que había representado poder establecer contacto con personalidades “fascinantes”. Olof Palme se sintió muy impresionado por Ernst Wigforss, quien fue Ministro de Hacienda durante 19 años y cuyas posiciones ideológicas sobre el socialismo le habían entusiasmado. Palme consideraba a Wigforss como uno de los grandes teóricos de la socialdemocracia. Pero aparte de su fascinación ideológica por él, Palme también sentía un gran agradecimiento por Tage Erlander, con quien trabajó durante 16 años. Solía destacar como sus grandes cualidades la honestidad y la perseverancia. La frase de Erlander: “En un hombre político, el pensamiento, la palabra y la acción, deben ser concebidos como un todo. Si hay ruptura entre pensamiento, palabra y acción, la personalidad del hombre político se cuartea y los ciudadanos le retiran su confianza”.

Erlander fue un hombre muy preocupado por la ideología. Gran lector, buscaba siempre nuevas ideas para renovar el partido. Olof Palme siempre destacó que jamás, durante los 16 años que trabajaron juntos a diario, había visto en él el menor cinismo respecto a la política. Por el contrario, siempre destacó la sorprendente mezcla que convivía en Erlander entre la necesidad de reflexión y el poder de decisión.

La época en que Palme empezó a trabajar en la Secretaría de Erlander era una época de hegemonía de derechas a nivel internacional. En plena Guerra Fría, el macarthismo triunfaba en Estados Unidos. Los aires neoconservadores se habían extendido también por toda Europa. Sólo el Gobierno socialdemócrata de Noruega resistía el empuje de las derechas. Churchill reinaba en Gran Bretaña y Adenauer en la Alemania Federal. Francia e Italia también se habían lanzado a los brazos conservadores. En la misma Suecia, en 1952, los socialdemócratas ganaron por escaso margen y se vieron obligados a asociarse con el Partido Agrario. El Partido Agrario, que posteriormente adoptó la denominación de Partido del Centro, era denominado por Palme como la primera formación del “bloque burgués” y a lo largo de la historia ya había participado en gobiernos socialdemócratas, que se remontaban a 1932, cuando la crisis económica golpeó a obreros y campesinos con la misma violencia y dieron paso a un acuerdo parlamentario entre ambos partidos en el que la socialdemocracia era minoritaria.

Al igual como sucede de forma reiterada en los momentos de hegemonía ideológica conservadora, ya en 1952 los profetas del conservadurismo triunfante en Europa y América anunciaban la muerte de las ideologías. Erlander combatía dicha opinión urgiendo, por el contrario, la necesidad de hablar de política socialista y encargó a un joven Palme, recién elegido como responsable de formación ideológica del comité directivo de las juventudes socialdemócratas, que se ocupara de dicha tarea.

El mecanismo práctico para realizar dicha tarea se aglutinó entorno a un pequeño grupo de consejeros, formado por ministros, secretarios de estado, economistas e intelectuales, elegidos por Erlander. Palme formaba parte de dicho círculo, semilla ideológica que en la práctica constituyó un grupo de estudios encargado de elaborar y lanzar ideas que llegaron a tener una gran importancia en la configuración del modelo socialdemócrata sueco. Los economistas del movimiento sindical habían elaborado un plan sobre el pleno empleo, la inflación y el desempleo que fue adoptado por el equipo de Erlander como elemento base de su política. El plan, establecía que solamente la intervención del Estado permitiría la salida del callejón al que se veían abocados debido al alza de precios y, como consecuencia directa de los mismos, el paro. Los economistas sindicalistas defendían que era suficiente anunciar claramente a los trabajadores que, en el caso de que perdieran sus empleos, el Gobierno intervendría rápidamente para ofrecerles una nueva formación profesional y otro puesto de trabajo. Después de largas discusiones, el grupo ideológico de Erlander puso la idea en práctica en 1957, año de crisis y recesión. Los resultados fueron tan espectaculares que abrieron el camino a todo un conjunto de reformas y de medidas socioeconómicas. Dicha política acabó convirtiéndose en la base del programa de acción económica socialdemócrata y ha determinado durante años la vida política sueca.

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