EL IMPERIO EN JERSEY A RAYAS

Anna Balletbò. 01/2006

La imagen de Evo Morales, nuevo Presidente de Bolivia, enfundado con multicolor jersey a rayas, tejido probablemente con lana de lama por anciana de piel ventoleada, es algo más que una imagen inesperada.

El nuevo Presidente de Bolivia, de sangre india, indiferente al protocolo de la Zarzuela, la Moncloa, el Ministerio de Industria, Repsol y empresarios varios, personifica las solemnes exequias de las recetas del neoliberalismo y sus fracasos en América Latina. Cómo deben andar las cosas en corazones y cabezas de los ciudadanos cuando Hugo Chávez se ha consolidado en Venezuela, contra todo pronóstico, hasta el punto que Condoleezza Rice ha decidido dejar de hostigarle sin tregua, también porque sigue suministrando petróleo al imperio.

El militar peruano Ollanta Humala, protagonista de una farsa de distracción de levantamiento contra el ex Presidente peruano Alberto Fujimori, que permitió a Vladimiro Montesinos fugarse de Perú a Venezuela, se perfila en las encuestas de su país como gran preferido a la presidencia, con el espaldarazo del caudillo venezolano que financia su campaña.

Evo Morales, campesino aymara, ha acabado con tres presidentes capitaneando duras huelgas y cortes de suministros, hasta llegar él mismo al poder. Sin olvidar a la socialista chilena Michelle Bachelet, que a mediados de enero es más que probable que se convierta en Presidenta de Chile, en la segunda vuelta de las elecciones.

En Bolivia, las recetas neoliberales, asumidas más o menos por los dirigentes de los partidos tradicionales, han herido de muerte el sistema democrático, entre la corrupción y la falta de resultados. En los últimos diez años la población ha empobrecido. Las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional, basadas en la ortodoxia económica y el recorte del déficit público, han fragmentado socialmente Bolivia. El país más pobre de Latinoamérica pide cambios, como los pidió Brasil a Lula y los sigue pidiendo todo el cono sur. Milagros o reparto más justo de las riquezas nacionales. En Bolivia el beneficio por la extracción de gas deja menos de un 3% en las arcas nacionales. Hecho que deberá también hacer reflexionar a Repsol tras las últimas elecciones.

El líder cocalero es ante todo un líder indígena, una raza ‘subalterna’ -como diría el pensador marxista sardo Antonio Gramsci- que en Bolivia representa casi el 90% de la población y en toda Sudamérica apuntan que ha llegado la hora de que accedan al poder.

Y luego está la Meca hispana. Madrid y la visita al Presidente del ‘talante’, que retiró las tropas de Irak entre la consternación y la perplejidad del Imperio y que mojonea a la Iglesia Católica recuperando espacios de laicidad en la enseñanza, el matrimonio homosexual, la derogación del pago exento del IVA, etc.

La Casa Blanca y El Vaticano andan revueltos porque el ejemplo español puede propagarse y ya se propaga en Italia y en Latinoamérica. Bush ve como sus distantes conquistas, desmanes y fracasos en Medio Oriente han hecho crecerle los enanos en su propio patio trasero y lo que todavía puede caerle con nueve elecciones pendientes de celebración en los próximos meses. Mientras, un Papa ex responsable del Tribunal para la Doctrina de la Fe, versión actualizada del Santo Oficio, anda enfrascado luchando en la calle, en la prensa y especialmente en las ondas de radio para que no le socaben el granero espiritual que es la Latinoamérica sumida en la ignorancia y la miseria. Por ello hay que doblegar el ejemplo Zapatero y sus reformas valga lo que valga, que diría el cardenal de Madrid Rouco Varela.