EL TRATAMIENTO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN A LA MUJER

IV Jornadas contra la Violencia de Género. Asociación Clara Campoamor. Barakaldo 3 y 4 de mayo de 2011. ANNA BALLETBÒ

La imagen que se ofrece de la mujer en los Medios de Comunicación Social está generalmente infrarrepresentada en relación con la proporción demográfica real de mujeres, incluso cuando se compara con el número de mujeres económica y profesionalmente activas, tanto asalariadas, profesionales o empresarias.  No se trata de que los medios de comunicación social tengan que representar fiel y exactamente la realidad, lo preocupante es que en una mayoría de ocasiones dichos medios tienden a crear un modelo estereotipado y desbordan en presencia determinados tipos de trabajo que ofrecen más espectáculo en detrimento de otros trabajos de más prestigio.

La hipótesis básica es que, con su impacto cultural, los Medios de Comunicación Social no se  limitan a reflejar la realidad si no que, de un modo sutil e indirecto, contribuyen a configurarla. Aceptando que los comportamientos y actitudes sociales se aprenden a través de un complejo proceso de imitación y comparación con actitudes y comportamientos de grupos de individuos que se consideran importantes, algunos de los programas de televisión que se califican de “programas basura” influyen de manera eficaz en amplios sectores de la población ofreciendo más allá del espectáculo inputs dirigidos a divulgar estereotipos, creencias e incluso valores extremadamente conservadores y contrapuestos a  los objetivos de paridad, emancipación e igualdad de derechos que han constituido la base de la lucha tradicional de las mujeres y han centrado el avance de los últimos 30 años.

Se trata de programas basados en un populismo de poco nivel en el que personajes, que los productores pretenden identificar con “el pueblo llano”, ejercen un populismo y un exhibicionismo de su privacidad rayana en la pornografía.

Tres son los factores de discriminación de las mujeres en los Medios de Comunicación: el primero se basa en la composición del personal que trabaja en el medio y que ha pasado de ser mayoritariamente masculino a tener una amplia presencia de mujeres pero sigue manteniéndose masculino en los niveles de dirección y de toma de decisiones. Ninguna mujer ocupa en España la dirección de un medio de comunicación social importante ni en prensa, ni en radio ni en televisión. En segundo lugar, el soporte publicitario necesario para el equilibrio económico de los medios de comunicación comporta una presión constante de imágenes y contenidos ya conocidos y aceptados y centrados con más o menos proporción en los patrones y estándares del comportamiento de los diferentes sexos. En tercer lugar, las mismas rutinas productivas ejercen una presión conservadora sobre los medios, debido a que la exigencia acelerada por producir un impacto inmediato de la noticia y de la información que pueda ser fácilmente asimilable por el público, comporta el uso recurrente de caracterizaciones muy simplificadas y en muchos casos estereotipadas de la realidad.

Vemos pues como los medios de comunicación presentan una realidad que, aún cuando no es demostrablemente falsa, se apoya y alimenta en las fuerzas más conservadoras de la sociedad que siempre perjudican los intereses de las mujeres.

Una buena iniciativa aparecida recientemente ha sido la creación del cargo “Defensora de la Igualdad” que ha realizado El Periódico de Catalunya y que ostenta la periodista Eva Peruga. Se trata de una iniciativa pionera en España y extremadamente interesante, que tiene amplio contenido para frenar los abusos que se producen en los Medios de Comunicación.

Recientemente y amparándose en el derecho a “la libertad de expresión”, se ha abierto un amplio debate en nuestro país al utilizar algunos medios dicho derecho como excusa para degradar a las mujeres. Dicha posición se ha visto especialmente radicalizada en temas de violencia de género, donde la víctima, además de ser víctima, ha sido vejada. Hace pocas semanas en el periódico El Mundo apareció un artículo de opinión del periodista Salvador Sostres en que se ofendía a las mujeres y se hacía apología de la violencia de género.

Creo que esta es una iniciativa que podría incorporarse como propuesta en las conclusiones de las jornadas que con tanto éxito lleva organizando la Asociación Clara Campoamor y su Presidenta Blanca Estrella.

Finalmente, quiero señalar la importancia que tiene plantearse de forma seria un marco legislativo en relación con los anuncios de contactos sexuales en los medios de comunicación. No se trata de prohibir, se trata de marcar el territorio entre la libertad de ejercer la prostitución y la publicidad de delitos en las páginas de contactos de los periódicos, no solo porque atentan contra la dignidad de las mujeres, sino además porque incluyen en muchos casos delitos de proxenetismo y esclavitud sexual.


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