“La transición política española”

Intervención de Anna Balletbò i Puig, Presidenta de la Fundación Internacional Olof Palme, en el seminario “Seguridad y Democracia: España-Georgia”

Tiblisi, 3 de febrero de 2012 Ivane Javakhishvili Tbilisi State University

En España hicimos una transición que algunos llaman “modélica”, adjetivo que no entraré a defender, pero sí que fue pacífica. Muy pocos grupos cruzaron la barrera que marca la estrategia política de la estrategia armada. ETA, los Grapo, algunos militares, y algunos policías que hacían “horas extras” vestidos de paisano pero con el arma reglamentaria. Pero no hubo enfrentamiento armado. Las transiciones cruentas tienen una salida mucho más complicada.

La primera pregunta que me hizo el Rey de España cuando siendo diputada y estando embarazada de gemelos- hago un paréntesis- para una feminista pasar a la historia por estar embarazada no deja de ser “extraordinario” pero debo también añadir que lo he asumido muy bien. Pues la primera pregunta que me hizo fue: “¿hay heridos?”, porque la salida del Golpe de Estado al que nos enfrentábamos no hubiera sido igual con muertos o heridos que al haber sido incruento. Pienso que este tema hay que tenerlo muy presente.

Una cuestión que deseo compartir con ustedes a la hora de exponer la experiencia española de la Transición, es mi voluntad de actuar sólo como un ayudante de cirujano. Tengo mi maletín, lo pongo encima de la mesa, muestro todo el instrumental que puedo ofrecerles a ustedes que son los médicos y son ustedes quienes deciden con qué quieren operar. Dame las tenazas, dame el bisturí… pero la responsabilidad de los cambios es suya. Sólo ustedes conocen sus propias circunstancias, los ritmos que les convienen, las prioridades de los problemas a los que deben enfrentarse, y nosotros sólo podemos ofrecerles lo que tenemos, explicarles lo que hemos hecho y cómo lo hemos vivido.

Es cierto que la España de los setenta y principios de los ochenta no se parece en nada a lo que sucede en sus países en la actualidad. Hay una distancia en el tiempo, en la geografía, con los países vecinos, etc., etc., pero también es verdad que nosotros ya hemos olvidado los peores aspectos de nuestra propia transición y afortunadamente sólo nos acordamos de lo bueno. Personalmente ya he olvidado que en mi coche llevaba siempre una bolsa con el pijama y los utensilios del aseo personal porque nunca sabía dónde acabaría teniendo que ir a dormir. También he olvidado que policías de paisano, de éstos que “hacían horas extras” vinieron a mi domicilio particular a buscarme con pistolas, que las paredes de la escalera de mi vivienda y las del vecindario amanecían con pintadas amenazadoras contra mí, etc. Casi me he olvidado del Golpe de Estado del 23-F, del que fui protagonista. No nos queda más remedio que olvidar para poder avanzar. Así pues, nuestra transición fue menos fácil que lo que ahora explicamos pero hubo suerte.

Déjenme compartir con ustedes algunas reflexiones.

PRIMERA REFLEXIÓN: ESTABILIDAD: señalar que en política democrática ganar significa estabilidad y sostenibilidad. No hay garantías de expectativa de cambio si no hay garantías de alternancia política. En otras palabras, nadie tiene intención de hacer política pacíficamente si no ve la posibilidad de poder gobernar también pacíficamente. Esto es lógico y por ello es necesario que exista un marco de acuerdo previo que permita la alternancia en el poder. Que los que hoy gobiernan, mañana pasen a la oposición y los que hoy están en la oposición, puedan gobernar. Para que esto se produzca pacíficamente, lo más importante es establecer las reglas del juego. Si no hay reglas de juego, no hay juego y por tanto no hay salida pacífica. Naturalmente que en una transición se producen también cambios de hegemonía política y también económica. Los que hoy lo tienen todo, deben compartir y no pueden seguir teniéndolo todo.

La transición se puso en marcha dentro del propio “régimen”. Desde el mismo Franquismo los sectores más jóvenes o con mejor perspectiva de futuro,  pretendían controlar el timón de algunos cambios para poder reposicionar su grupo social, económico y político en la nueva sala de mandos. Permítanme que les diga que esto no es posible. No conozco ningún ejemplo en que lo haya sido. La dinámica que se puso en marcha en España, y a pesar de que el marco pactado entre militares, la UCD y el poder económico estaba más o menos claro, cogió velocidad propia y sobrepasó los límites que los sectores hegemónicos habían fijado.

En la recta final de su vida, Franco elaboró un diseño en que segregaba la Jefatura del Estado de la Jefatura del Gobierno. Él ostentaba las dos a la vez. Su idea era que la Jefatura del Estado recayera en el Rey Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII y por tanto encarnando la legitimidad histórica pero saltándose a Don Juan, padre de Juan Carlos que nunca reinó, y preparando a Carrero Blanco para que fuese el Jefe del Gobierno. Era una especie de intento de reponer a los Borbones controlados por los neofranquistas de forma que el Jefe del Estado tuviera tutela. El asesinato de Carrero Blanco por ETA dio al traste con este diseño.

Kissinger visitó España para analizar sobre el terreno cómo podía evolucionar una pieza tan importante como España dentro del marco de la Europa del sur donde el eurocomunismo era potente en Italia y el comunismo menos matizado lo era en Portugal. En este marco lo que pudiese pasar en España era importante no sólo para el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo, sino también por la existencia de las bases norteamericanas de Rota y Torrejón.

Estábamos en plena Guerra Fría. Kissinger se encontró con un Franco muy afectado por la desaparición de Carrero Blanco y el torpedo que su asesinato por ETA había representado a su proyecto. La preocupación de Kissinger a la vista de la situación lo empujó a buscar un nuevo interlocutor en la persona de Fraga Iribarne, entonces Ministro de Gobernación. Ambos pactaron los límites del marco de partidos políticos que debían ser legalizados y acordaron que el Partido Comunista quedara fuera del sistema y los radicales más ultras también. En cierto modo fue una re-edición en el siglo XX de la Restauración Española de Cánovas y Sagasta.

Así pues España quedaba bajo tutela. Los norteamericanos tenían y tienen experiencia en “tutelar”. No hay que olvidar el papel que tuvieron en la redacción de las constituciones alemana y japonesa después de la Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico.

SEGUNDA REFLEXIÓN: LEGITIMIDAD Y RESPONSABILIDAD: Un hombre leal al Rey Juan Carlos que recibió del mismo Rey el encargo de canalizar la reforma política tras la muerte de Franco, Torcuato Fernández Miranda, fue el encargado de buscar a la persona adecuada para llevar a la práctica el plan y la encontró en Adolfo Suárez, quien fundó el partido Unión del Centro Democrático (UCD). El Rey lo nombró Presidente de las Cortes y pasó a ser el encargado directo de que los parlamentarios españoles elegidos a dedo y más tardíamente por el sistema de “tercios familiares” se hicieran directamente el “harakiri”.

Hay que señalar la responsabilidad por parte institucional: la monarquía. Podemos discutir si esta responsabilidad era debida exclusivamente a su sentir democrático o tenía también que ver con el entorno familiar. Su suegro, el padre de su esposa, Sofía, había pactado con los militares en Grecia y había tenido que abandonar el país. Su abuelo, Alfonso XIII pactó con Primo de Rivera y también vio como la República lo echaba. Por tanto dentro de la familia, la reincidencia en el error debía estar presente de forma no deseada y debían tener todos claro que el pacto con los militares si no era para facilitar un marco de reforma democrática, era inviable.

Además de la responsabilidad institucional hubo una gran responsabilidad política. Cuando Santiago Carrillo, el dirigente del Partido Comunista pactó con Adolfo Suárez la legalización del PC lo hizo a cambio de tres cosas: primero, aceptar la monarquía como sistema político y guardar en un baúl la bandera republicana y sus proclamas sólo para consumo doméstico del partido. Segundo, dar su apoyo máximo a Adolfo Suárez y su partido, la UCD, especialmente en lo que respecta el control de la calle.

El Partido Comunista tenía como correa de transmisión al sindicato Comisiones Obreras en los centros de trabajo, que tenían una gran capacidad de movilización, sin duda los que más. Suárez pacta con Carrillo que no se pasarán.

El tercer elemento del pacto fue que Santiago Carrillo haría declaración pública expresa de abandonar el Leninismo. En los estatutos y documentos estratégicos del Partido Comunista constaba claramente la ideología Marxista-Leninista. Mientras que en los del Partido Socialista Obrero Español sólo se reseñaba la ideología marxista. Los socialistas les dejábamos siempre un poquito más a los comunistas. No resultaba responsable legalizar un partido marxista-leninista y además el amigo americano estaba aterrorizado pensando que o bien tomarían el Palacio de Invierno o bien si llegaban al poder nunca más iban a convocar elecciones. Se trataba por tanto de dar muestras visibles de sentido democrático. El PC tenía que abandonar el leninismo y el PSOE por boca de Felipe González abandonaría el marxismo. Todo ello para tranquilidad de los norteamericanos, y de los “aliados” en general, especialmente de los amigos alemanes, quienes teniendo la frontera de la Guerra Fría dentro del propio Berlín, ese tipo de cosas les ponía bastante nerviosos. Implícitamente era la garantía de que se respetaría el marco de convocatoria electoral.

La responsabilidad política alcanzaba también a la sociedad civil. Todo el asociacionismo: asociaciones vecinales, asociaciones de amas de casa, grupos de ateneo, asociaciones culturales, etc estaban por la labor. Déjenme añadir una organización que a mi me encantaba y se llamaba Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, señoras de clase media y alta que estaban también a favor de la Ley del divorcio cosa que me parecía fantástica. Su límite era la ley del aborto. Así pues, sindicatos, asociaciones, movimiento estudiantil y movimiento de mujeres constituían una trama ejemplar de formación y contención política.

Muchas mujeres nos movilizamos a favor de la democracia y muchas mujeres dentro de las filas comunistas no estaban dispuestas a postergar a un segundo momento político los derechos de la mujer. Cierto que los representantes masculinos, especialmente del Partido Comunista y del sindicato Comisiones Obreras, pero también de otras organizaciones, exigían que no nos distrajéramos, que primero era la lucha por la democracia y los derechos sociales y que los derechos de las mujeres ya vendrían posteriormente. Pero muchas de nosotras no estábamos dispuestas a que nuestras reivindicaciones quedaran en un segundo plano. Creíamos y sigo creyendo que en los procesos de cambio deben hacerse varias cosas a la vez y que las reivindicaciones a favor de las mujeres no pueden quedar aplazadas “sine die”.

Queríamos una ley del divorcio, del aborto, la despenalización del adulterio, la legalización de los anticonceptivos, etc. y también exigíamos la presencia de mujeres en las listas electorales en todas las convocatorias. Por ello elaboramos una plataforma y visitamos las sedes de los partidos políticos dando a conocer nuestras posiciones. Las mujeres acusadas de adulterio según el Código Penal iban a la cárcel mientras que los hombres que eran acusados de adulterio además de no ir a la cárcel eran socialmente aplaudidos por “machos”. Lo cierto es que quienes necesitan más de una mujer será porque no tienen contenta a la primera ya que cuando hay alegría las mujeres estamos mucho más dispuestas a atender las demandas del compañero. Y permítanme estas picardías porque estas cosas son mucho más importantes de lo que a menudo parecen.


 

TERCERA REFLEXIÓN: OBJETIVOS CLAROS que quería comentar es la necesaria claridad de objetivos. Teníamos claro que queríamos la democracia, un nuevo marco constitucional, los derechos políticos, los derechos civiles, los derechos sociales, la paridad entre hombre y mujer pero había otro tema extremadamente interesante que era la descentralización del poder político a territorios con personalidad propia desde el punto de vista de la historia, la cultura, y el idioma como Catalunya y el País Vasco. Queríamos que el sistema político fuera un sistema de proximidad. ¿En qué marco y hasta qué nivel dichos territorios iban a poder decidir de forma autónoma y por si solos y en qué temas debían coordinar sus decisiones con el gobierno de España?

Como les he señalado anteriormente desde el punto de vista de los partidos políticos para los neofranquistas el límite era el PC. Había terror a que el Partido Comunista ganara las elecciones pero acabó con solo un 10% de los votos siendo la mayor parte de estos votos de Catalunya donde el PC tenía la pátina más eurocomunista, es decir menos radical. Eso es muy interesante de analizar porque cuando no existe marco democrático los grupos más activos parece como si fueran los hegemónicos porque son los que se mueven mejor en la clandestinidad. Pero cuando hay democracia muchas personas que suelen no movilizarse votan y dan un resultado mucho más significativo y re-equilibran ideológicamente el mapa político. Personalmente creo que este es un punto muy interesante a tener en cuenta en su país.

Otro comentario que quería hacerles es referente al sistema electoral. La pregunta es: ¿en una transición política el sistema mayoritario es mejor o es mejor el sistema proporcional?

En una transición a la democracia pienso que lo mejor es favorecer que todos los puntos de vista, que aceptan el sistema democrático puedan acceder al parlamento. Insisto en que deben aceptar el sistema democrático para poder garantizar en el futuro la convocatoria de nuevas elecciones sea quien sea el ganador. Y para ello deben manifestarse públicamente aceptando el sistema y demostrándolo. Esta es la razón por la cual la judicatura española no legaliza algunos grupos pro etarras.

Aclarado este punto, lo mejor es que todos los matices ideológicos estén dentro del Parlamento. Mejor dentro del sistema que fuera. El sistema proporcional es, creo, el más adecuado en un momento de transición y hasta que la sociedad no se haya trabado democráticamente.

Es característica política común en los países mediterráneos la pasión por la discusión y la divergencia. Casi siempre queremos convencer, casi adoctrinar al otro, cuando en política lo realmente importante no es convertir al adversario a nuestras ideas si no llegar a puntos de acuerdo para actuar de forma conjunta. Lo importante es la estrategia coincidente para poder avanzar. Aquí el elemento unitario es importante. Durante la Transición en España, hubo numerosas iniciativas unitarias: la Plata-Junta, la Junta Democrática de la Asamblea de Intelectuales y Artistas y en Catalunya teníamos la “Assamblea de Catalunya” donde coincidíamos marxistas-leninistas del Partido del Trabajo de España, ya desaparecido, militantes del Movimiento Comunista, y otros grupúsculos a cual más exótico. Todos desaparecidos, porque dentro del marco democrático el espectro político se clarifica. Así pues, el Rey, Torcuato Fernández Miranda, Alfonso Suárez, Santiago Carrillo y Felipe González fueron sin duda los pilares esenciales de la transición democrática en España.

Con ello quiero entrar a un nuevo punto y es la necesidad de liderazgo. Sin liderazgo las cosas se complican mucho. Había liderazgo político pero también había liderazgo dentro del movimiento ciudadano y vecinal de modo que la sociedad civil tenía interlocutores representativos con los que se podía hablar y llegar a acuerdos.

Paralelamente al liderazgo hay otro elemento que es la confluencia de intereses. Yo pertenezco al Partido de los Socialistas de Catalunya que en la época de la Transición pusimos en marcha un proceso que llamamos constituyente y que duró más de un año para lograr aglutinar en unas solas siglas el amplio espectro de la ideología socialista. Para lograrlo fue necesario limar personalismos. No se trataba de absorber a los demás y mantener la hegemonía política sino de sumar. Aunque el grupo originario al que yo pertenecía era mayoritario en relación con los que nos juntábamos, supimos incorporar, compartir e integrar y no absorber de modo que acabamos constituyendo un único partido mucho más fuerte y posicionado en la sociedad con el que hemos cosechado y cosechamos buenos resultados electorales.

CUARTA REFLEXIÓN: CAPACIDAD PARA GESTIONAR LAS DIFICULTADES Y LOS ÉXITOS y último punto es necesario armonizar las propuestas y visibilizar las posibilidades. Tuvimos serios problemas añadidos al terrorismo etarra: el terrorismo de extrema derecha. Hubo muertos en manifestaciones y en acciones agitadas por elementos del sistema que actuaban en muchas ocasiones al margen del sistema. Elementos vinculados a la Triple A Argentina desembarcaron en España de la mano de López Rega acusado de corrupción y también otros grupos de extrema derecha italianos. Dichos grupos conectaron con los aparatos policiales del Franquismo para trabajar conjuntamente a favor de la involución, es decir en contra del avance democrático. Estos grupos tuvieron conexiones con los atentados de Atocha como mínimo armando a Inestrillas y a sus compañeros y constituyeron una dificultad adicional en el proceso.

Pero se trabajó bien además dentro del ejército. El primer Ministro de Defensa socialista, Narcís Serra, fue especialmente hábil respetando los sistemas establecidos en el reglamento de Ejército Español para los ascensos, pero eso sí, se saltaba algunos. Él, de acuerdo con los servicios de Inteligencia, sabía qué militares del escalafón aceptaban o no la nueva Constitución. Ninguno de los mandos que no aceptaban la nueva Constitución tuvo a sus órdenes tropa. Ninguno tuvo mando con los soldados. No era fácil, porque en los cuarteles además de la foto de Franco que continuaba presidiendo se leían sólo periódicos de ultraderecha. Para esta labor contó con una ayuda muy especial, su mano derecha Luis Reverter, que tenía memorizado el nombre de todas las esposas de militares de alta graduación con las fechas de las onomásticas y los aniversarios de boda. Nunca les faltó a estas señoras las flores y la felicitación. Como ya he comentado en algún otro punto de mi exposición este tipo de actuaciones que pueden a primera vista parecer banales, no lo son en absoluto.

Tuvimos que avanzar en el debate ideológico para clarificar y matizar las distintas posiciones. Todo mezclado nos va francamente mal. Hay caminos para que grupos que están en posiciones que no compartimos puedan evolucionar hacia posiciones que sí podríamos aceptar. Recuerden a Kissinger durante la Transición Española y su pacto con Fraga Iribarne, él ponía los malos comunistas en un extremo y los quería dejar fuera del sistema y sin embargo la propia evolución de la Transición española obligó al presidente Suárez a legalizarlos y con esta legalización consolidó de forma importante el proceso y le dio credibilidad democrática. Volviendo al presente, soy optimista. La elección de Barack Obama puede ayudar mucho, pero olvidemos delegar en otro todo el trabajo, por poderoso que sea. Todos y cada uno de nosotros debe hacer su parte del todo.

Muchas gracias por su atención.

 

La transición española. De la oposición a la democracia: partidos políticos y sociedad civil

Tbilisi, 30 de abril de 2010

Ponencia impartida en la conferencia España – Georgia: Transiciones en el espejo”, organizada por la Fundación Internacional Olof Palme y la Universidad Estatal Ilia Chavchavadze.

 Por Doña Anna Balletbò, presidenta de la Fundación Internacional Olof Palme. Diputada en el Parlamento Español (1980-2000):

Como cuestión previa decirles que ya el Conde de Romanones, en los años veinte decía de forma un poco “canalla” algo interesante que cabe recordar: “Nadie deja el poder voluntariamente”. Efectivamente, nadie cede el poder a cambio de nada a menos que no le quede otra alternativa, porque política y socialmente se le está apretando. Hay muchas formas de apretar. En España hicimos una transición que algunos llaman “modélica”, adjetivo que no entraré a desarrollar, pero sí que fue pacífica. Muy pocos grupos cruzaron la barrera que marca la estrategia política de la estrategia armada. ETA, los Grapo, algunos militares, y algunos policías que hacían “horas extras” vestidos de paisano pero con el arma reglamentaria. Pero no hubo enfrentamiento armado. Las transiciones cruentas tienen una salida mucho más complicada.

La primera pregunta que me hizo el Rey de España cuando siendo diputada y estando embarazada de gemelos- hago un paréntesis- para una feminista pasar a la historia por estar embarazada no deja de ser “extraordinario” pero debo también añadir que lo he asumido muy bien. Pues la primera pregunta que me hizo fue: “¿hay heridos?”, porque la salida del Golpe de Estado al que nos enfrentábamos no hubiera sido igual con muertos o heridos que al haber sido incruento. Pienso que este tema hay que tenerlo muy presente.

Otra cuestión que deseo compartir con ustedes a la hora de exponer la experiencia española de la Transición, es mi voluntad de actuar sólo como un ayudante de cirujano. Tengo mi maletín, lo pongo encima de la mesa, muestro todo el instrumental que puedo ofrecerles a ustedes que son los médicos y son ustedes quienes deciden con qué quieren operar. Dame las tenazas, dame el bisturí… pero la responsabilidad de los cambios es suya. Sólo ustedes conocen sus propias circunstancias, los ritmos que les convienen, las prioridades de los problemas a los que deben enfrentarse, y nosotros sólo podemos ofrecerles lo que tenemos, explicarles lo que hemos hecho y cómo lo hemos vivido.

Es cierto que la España de los setenta y principios de los ochenta no se parece en nada a lo que sucede en sus países en la actualidad. Hay una distancia en el tiempo, en la geografía, con los países vecinos, etc, etc, pero también es verdad que nosotros ya hemos olvidado los peores aspectos de nuestra propia transición y afortunadamente sólo nos acordamos de lo bueno. Personalmente ya he olvidado que en mi coche llevaba siempre una bolsa con el pijama y los utensilios del aseo personal porque nunca sabía dónde acabaría teniendo que ir a dormir. También he olvidado que policías de paisano, de éstos que “hacían horas extras” vinieron a mi domicilio particular a buscarme con pistolas, que las paredes de la escalera de mi vivienda y las del vecindario amanecían con pintadas amenazadoras contra mi, etc. Casi me he olvidado del Golpe de Estado del 23-F. No nos queda más remedio que olvidar para poder avanzar. Así pues, nuestra transición fue menos fácil que lo que ahora explicamos pero hubo suerte.

Déjenme compartir con ustedes algunas reflexiones.

En primer lugar señalar que en política democrática ganar significa estabilidad y sostenibilidad. No hay garantías de expectativa de cambio si no hay garantías de alternancia política. En otras palabras, nadie tiene intención de hacer política pacíficamente si no ve la posibilidad de poder gobernar también pacíficamente. Esto es lógico y por ello es necesario que exista un marco de acuerdo previo que permita la alternancia en el poder. Que los que hoy gobiernan, mañana pasen a la oposición y los que hoy están en la oposición, puedan gobernar. Para que esto se produzca pacíficamente, lo más importante es establecer las reglas del juego. Si no hay reglas del juego, no hay juego y por tanto no hay salida pacífica. Naturalmente que en una transición se producen también cambios de hegemonía política y también económica. Los que hoy lo tienen todo, deben compartir y no pueden seguir teniéndolo todo.

Me gusta poner como ejemplo local el de una zona cercana que llamamos S’Agaró, cerca de Barcelona, con unos esplendidos chalets mirando al mar. En los años 70, los propietarios de estas magníficas casas tenían todos sus orígenes anclados en el franquismo. Era gente que habían hecho sus fortunas a la sombra de la dictadura. En los años 90, la propiedad había cambiado de manos. Los nuevos propietarios eran personas de nuevos sectores económicos, sector de la química, sector de la confección, sector de la perfumería, etc. Los antiguos franquistas habían tenido que vender sus propiedades porque ya no podían sostener con sus ingresos el costo del mantenimiento de las mismas.

Un segundo aspecto que deseo compartir con ustedes es el marco dentro del que el propio “régimen” se enfrentó a la Transición. Desde el mismo Franquismo los sectores más jóvenes o con mejor perspectiva de futuro,  pretendían controlar el timón de algunos cambios para poder reposicionar su grupo social, económico y político en la nueva sala de mandos. Permítanme que les diga que esto no es posible. No conozco ningún ejemplo en que lo haya sido. La dinámica que se puso en marcha en España, y a pesar de que el marco pactado entre militares, la UCD y el poder económico estaba más o menos claro, cogió velocidad propia y sobrepasó los límites que los sectores hegemónicos habían fijado.

En la recta final de su vida, Franco elaboró un diseño en que segregaba la Jefatura del Estado de la Jefatura del Gobierno. Él ostentaba las dos a la vez. Su idea era que la Jefatura del Estado recayera en el Rey Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII y por tanto encarnando la legitimidad histórica pero saltándose a Don Juan, padre de Juan Carlos que nunca reinó, y preparando a Carrero Blanco para que fuese el Jefe del Gobierno. Era una especie de intento de reponer a los Borbones controlados por los neofranquistas de forma que el Jefe del Estado tuviera tutela. El asesinato de Carrero Blanco por ETA dio al traste con este diseño.

Kissinger visitó España para analizar sobre el terreno cómo podía evolucionar una pieza tan importante como España dentro del marco de la Europa del sur donde el eurocomunismo era potente en Italia y el comunismo menos matizado lo era en Portugal. En este marco lo que pudiese pasar en España era importante no sólo para el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo, sino también por la existencia de las bases norteamericanas de Rota y Torrejón.

Estábamos en plena Guerra Fría. Kissinger se encontró con un Franco muy afectado por la desaparición de Carrero Blanco y el torpedo que su asesinato por ETA había representado a su proyecto. La preocupación de Kissinger a la vista de la situación lo empujó a buscar un nuevo interlocutor en la persona de Fraga Iribarne, entonces Ministro de Gobernación. Ambos pactaron los límites del marco de partidos políticos que debían ser legalizados y acordaron que el Partido Comunista quedara fuera del sistema y los radicales más ultras también. En cierto modo fue una re-edición en el siglo XX de la Restauración Española de Cánovas y Sagasta.

Así pues España quedaba bajo tutela. Los norteamericanos tenían y tienen experiencia en “tutelar”. No hay que olvidar el papel que tuvieron en la redacción de las constituciones alemana y japonesa después de la Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico.

De los equilibrios que se hicieron desde el neofranquismo para tratar de hacer evolucionar la política española les voy a leer un breve texto que es una auténtica “filigrana”. Un hombre leal al Rey Juan Carlos que recibió del mismo Rey el encargo de canalizar la reforma política tras la muerte de Franco, Torcuato Fernández Miranda, fue el encargado de buscar a la persona adecuada para llevar a la práctica el plan y la encontró en Adolfo Suárez, quien fundó el partido Unión del Centro Democrático (UCD). El Rey lo nombró Presidente de las Cortes y pasó a ser el encargado directo de que los parlamentarios españoles elegidos a dedo y más tardíamente por el sistema de “tercios familiares” se hicieran directamente el “harakiri”.

Aquí va la filigrana de Don Torcuato:”soy socialista sin llegar a marxista-soy liberal pero sin llegar al libre mercado y soy joseantoniano sin ser falangista”. Ustedes ya saben que José Antonio Primo de Rivera fue el inspirador ideológico de Falange Española. Estarán de acuerdo conmigo que tal filigrana no hay quien pueda digerirla pero también reconocerán conmigo que era un hábil ejercicio que trataba de encaminar un nuevo rumbo nada fácil.

Rápidamente quiero pasar a señalar dos puntos claves en el éxito de la Transición española, en primer lugar un gran sentido de la responsabilidad por parte institucional: la monarquía. Podemos discutir si esta responsabilidad era debida exclusivamente a su sentir democrático o tenía también que ver con el entorno familiar. Su suegro, el padre de su esposa, Sofía, había pactado con los militares en Grecia y había tenido que abandonar el país. Su abuelo, Alfonso XIII pactó con Primo de Rivera y también vio como la República lo echaba. Por tanto dentro de la familia, la reincidencia en el error debía estar presente de forma no deseada y debían tener todos claro que el pacto con los militares si no era para facilitar un marco de reforma democrática, era inviable.

Además de la responsabilidad institucional hubo una gran responsabilidad política. Cuando Santiago Carrillo, el dirigente del Partido Comunista pactó con Adolfo Suárez la legalización del PC lo hizo a cambio de tres cosas: primero, aceptar la monarquía como sistema político y guardar en un baúl la bandera republicana y sus proclamas sólo para consumo doméstico del partido. Segundo, dar su apoyo máximo a Adolfo Suárez y su partido, la UCD, especialmente en lo que respecta el control de la calle.

El Partido Comunista tenía como correa de transmisión al sindicato Comisiones Obreras en los centros de trabajo, que tenían una gran capacidad de movilización, sin duda los que más. Suárez pacta con Carrillo que no se pasarán.

El tercer elemento del pacto fue que Carrillo haría declaración pública expresa de abandonar el Leninismo. En los estatutos y documentos estratégicos del Partido Comunista constaba claramente la ideología Marxista-Leninista. Mientras que en los del Partido Socialista Obrero Español sólo se reseñaba la ideología marxista. Los socialistas les dejábamos siempre un poquito más a los comunistas. No resultaba responsable legalizar un partido marxista-leninista y además el amigo americano estaba aterrorizado pensando que o bien tomarían el Palacio de Invierno o bien si llegaban al poder nunca más iban a convocar elecciones. Se trataba por tanto de dar muestras visibles de sentido democrático. El PC tenía que abandonar el leninismo y el PSOE por boca de Felipe González abandonaría el marxismo. Todo ello para tranquilidad de los norteamericanos, y de los “aliados” en general, especialmente de los amigos alemanes, quienes teniendo la frontera de la Guerra Fría dentro del propio Berlín, ese tipo de cosas les ponía bastante nerviosos. Implícitamente era la garantía de que se respetaría el marco de convocatoria electoral.

La responsabilidad política alcanzaba también a la sociedad civil. Todo el asociacionismo: asociaciones vecinales, asociaciones de amas de casa, grupos de ateneo, asociaciones culturales, etc estaban por la labor. Déjenme añadir una organización que a mi me encantaba y se llamaba Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, señoras de clase media y alta que estaban también a favor de la Ley del divorcio cosa que me parecía fantástica. Su límite era la ley del aborto. Así pues, sindicatos, asociaciones, movimiento estudiantil y movimiento de mujeres constituían una trama ejemplar de formación y contención política.

Muchas mujeres nos movilizamos a favor de la democracia y muchas mujeres dentro de las filas comunistas no estaban dispuestas a postergar a un segundo momento político los derechos de la mujer. Cierto que los representantes masculinos, especialmente del Partido Comunista y del sindicato Comisiones Obreras, pero también de otras organizaciones, exigían que no nos distrajéramos, que primero era la lucha por la democracia y los derechos sociales y que los derechos de las mujeres ya vendrían posteriormente. Pero muchas de nosotras no estábamos dispuestas a que nuestras reivindicaciones quedaran en un segundo plano. Creíamos y sigo creyendo que en los procesos de cambio deben hacerse varias cosas a la vez y que las reivindicaciones a favor de las mujeres no pueden quedar aplazadas “sine die”.

Queríamos una ley del divorcio, del aborto, la despenalización del adulterio, la legalización de los anticonceptivos, etc y también exigíamos la presencia de mujeres en las listas electorales en todas las convocatorias. Por ello elaboramos una plataforma y visitamos las sedes de los partidos políticos dando a conocer nuestras posiciones. Las mujeres acusadas de adulterio según el Código Penal iban a la cárcel mientras que los hombres que eran acusados de adulterio además de no ir a la cárcel eran socialmente aplaudidos por “machos”. Lo cierto es que quienes necesitan más de una mujer será porque no tienen contenta a la primera ya que cuando hay alegría las mujeres estamos mucho más dispuestas a atender las demandas del compañero. Y permítanme estas picardías porque estas cosas son mucho más importantes de lo que a menudo parecen.

El segundo aspecto que quería comentar es la necesaria claridad de objetivos. Teníamos claro que queríamos la democracia, un nuevo marco constitucional, los derechos políticos, los derechos civiles, los derechos sociales, la paridad entre hombre y mujer pero había otro tema extremadamente interesante que era la descentralización del poder político a territorios con personalidad propia desde el punto de vista de la historia, la cultura, y el idioma como Catalunya y el País Vasco. Queríamos que el sistema político fuera un sistema de proximidad. ¿En qué marco y hasta qué nivel dichos territorios iban a poder decidir de forma autónoma y por si solos y en qué temas debían coordinar sus decisiones con el gobierno de España?

Como les he señalado anteriormente desde el punto de vista de los partidos políticos para los neofranquistas el límite era el PC. Había terror a que el Partido Comunista ganara las elecciones pero acabó con solo un 10% de los votos siendo la mayor parte de estos votos de Catalunya donde el PC tenía la pátina más eurocomunista, es decir menos radical. Eso es muy interesante de analizar porque cuando no existe marco democrático los grupos más activos parece como si fueran los hegemónicos porque son los que se mueven mejor en la clandestinidad. Pero cuando hay democracia muchas personas que suelen no movilizarse votan y dan un resultado mucho más significativo y re-equilibran ideológicamente el mapa político. Personalmente creo que este es un punto muy interesante a tener en cuenta en su país.

Otro comentario que quería hacerles es referente al sistema electoral. La pregunta es: ¿en una transición política el sistema mayoritario es mejor o es mejor el sistema proporcional?

En una transición a la democracia pienso que lo mejor es favorecer que todos los puntos de vista, que aceptan el sistema democrático puedan acceder al parlamento. Insisto en que deben aceptar el sistema democrático para poder garantizar en el futuro la convocatoria de nuevas elecciones sea quien sea el ganador. Y para ello deben manifestarse públicamente aceptando el sistema y demostrándolo. Esta es la razón por la cual la judicatura española no legaliza algunos grupos pro etarras.

Aclarado este punto, lo mejor es que todos los matices ideológicos estén dentro del Parlamento. Mejor dentro del sistema que fuera. El sistema proporcional es, creo, el más adecuado en un momento de transición y hasta que la sociedad no se haya trabado democráticamente.

Es característica política común en los países mediterráneos la pasión por la discusión y la divergencia. Casi siempre queremos convencer, casi adoctrinar al otro, cuando en política lo realmente importante no es convertir al adversario a nuestras ideas si no llegar a puntos de acuerdo para actuar de forma conjunta. Lo importante es la estrategia coincidente para poder avanzar. Aquí el elemento unitario es importante. Durante la Transición en España, hubo numerosas iniciativas unitarias: la Plata-Junta, la Junta Democrática de la Asamblea de Intelectuales y Artistas y en Catalunya teníamos la “Assamblea de Catalunya” donde coincidíamos marxistas-leninistas del Partido del Trabajo de España, ya desaparecido, militantes del Movimiento Comunista, y otros grupúsculos a cual más exótico. Todos desaparecidos, porque dentro del marco democrático el espectro político se clarifica. Así pues, el Rey, Torcuato Fernández Miranda –el de la filigrana, Suárez, Carrillo y González fueron sin duda los pilares esenciales de la transición democrática en España.

Con ello quiero entrar a un nuevo punto y es la necesidad de liderazgo. Sin liderazgo las cosas se complican mucho. Había liderazgo político pero también había liderazgo dentro del movimiento ciudadano y vecinal de modo que la sociedad civil tenía interlocutores representativos con los que se podía hablar y llegar a acuerdos.

Paralelamente al liderazgo hay otro elemento que es la confluencia de intereses. Yo pertenezco al Partido de los socialistas de Catalunya que en la época de la Transición pusimos en marcha un proceso que llamamos constituyente y que duró más de un año para logra aglutinar en unas solas siglas el amplio espectro de la ideología socialista. Para lograrlo fue necesario limar personalismos. No se trataba de absorber a los demás y mantener la hegemonía política sino de hacer una nueva filigrana de forma que, aunque el grupo originario al que yo pertenecía era mayoritario en relación con los que nos juntábamos, supimos incorporar, compartir e integrar y no absorber de modo que acabamos constituyendo un único partido mucho más fuerte y posicionado en la sociedad con el que hemos cosechado y cosechamos buenos resultados electorales.

Como tercer y último punto es necesario armonizar las propuestas y visibilizar las posibilidades. Tuvimos serios problemas añadidos al terrorismo etarra: el terrorismo de extrema derecha. Hubo muertos en manifestaciones y en acciones agitadas por elementos del sistema que actuaban en muchas ocasiones al margen del sistema. Elementos vinculados a la Triple A Argentina desembarcaron en España de la mano de López Rega acusado de corrupción y también otros grupos de extrema derecha italianos. Dichos grupos conectaron con los aparatos policiales del Franquismo para trabajar conjuntamente a favor de la involución, es decir en contra del avance democrático. Estos grupos tuvieron conexiones con los atentados de Atocha como mínimo armando a Inestrillas y a sus compañeros y constituyeron una dificultad adicional en el proceso.

Pero se trabajó bien además dentro del ejército. El primer Ministro de Defensa socialista, Narcís Serra, fue especialmente hábil respetando los sistemas establecidos en el reglamento de Ejército Español para los ascensos, pero eso sí, se saltaba algunos. Él, de acuerdo con los servicios de Inteligencia, sabía qué militares del escalafón aceptaban o no la nueva Constitución e hizo otra filigrana. Ninguno de los mandos que no aceptaban la nueva Constitución tuvo a sus órdenes tropa. Ninguno tuvo mando con los soldados. No era fácil, porque en los cuarteles además de la foto de Franco que continuaba presidiendo se leían sólo periódicos de ultraderecha. Para esta labor contó con una ayuda muy especial, su mano derecha Luis Reverter, que tenía memorizado el nombre de todas las esposas de militares de alta graduación con las fechas de las onomásticas y los aniversarios de boda. Nunca les faltó a estas señoras las flores y la felicitación. Como ya he comentado en algún otro punto de mi exposición este tipo de actuaciones que pueden a primera vista parecer banales, no lo son en absoluto.

Tuvimos que avanzar en el debate ideológico para clarificar y matizar las distintas posiciones. Todo mezclado nos va francamente mal. Hay caminos para que grupos que están en posiciones que no compartimos puedan evolucionar hacia posiciones que sí podríamos aceptar. Recuerden a Kissinger durante la Transición Española y su pacto con Fraga Iribarne, él ponía los malos comunistas en un extremo y los quería dejar fuera del sistema y sin embargo la propia evolución de la Transición española obligó al presidente Suárez a legalizarlos y con esta legalización consolidó de forma importante el proceso y le dio credibilidad democrática. Volviendo al presente, soy optimista. La elección de Barack Obama puede ayudar mucho, pero olvidemos delegar en otro todo el trabajo, por poderoso que sea. Todos y cada uno de nosotros debe hacer su parte del todo.

Muchas gracias por su atención.

Bibliografía:

AREILZA, José María; Cuadernos de la Transición. Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1949.

BALLETBÒ, Anna; Una Mujer en la Transición. Ed. Flor de Viento, Barcelona, abril 2004.

BALLETBÒ, Anna, y otros; La liberación de la Mujer: Año cero. Ed. Granica, Barcelona, 1977.

BUSQUETS, Julio. Militares y demócratas. Memorias de un fundador de la UMD y diputado socialista. Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1983.

FARRÀS, Andreu, y CULLELL, Pere; El 23-F a Catalunya. Ed. Planeta, Barcelona, 1998.

FERNÁNDEZ-CAMPO, Sabino; Un hombre de Estado. Ed. Planeta, Barcelona, 2000.

NAVARRO, Julia; Nosotros, la Transición. Ed. Temas de Hoy, Madrid, 1995.

OSORIO, Alfonso; Trayectoria política de un ministro de la Corona. Ed. Planeta, Barcelona, 1980.

PRESTON, Paul; Juan Carlos, El Rey de un pueblo. Ed. Plaza y Janés, Barcelona, Marzo, 2003.

PRIETO, Martín; Técnica de un golpe de Estado: el juicio del 23-F. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1992.

VIÑAS, Ángel; Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1981.

El legado del pasado. La transformación socio-económica y la transición democrática en España

Tirana, 30 de octubre de 2009

Ponencia impartida en la conferencia Transiciones en el espejo: Una aproximación comparada a los procesos de transición democrática y transformación de España y Albania”, organizada por la Embajada de España en Albania.

Por Doña Anna Balletbò, presidenta de la Fundación Internacional Olof Palme. Diputada en el Parlamento Español (1980-2000):

Les voy a ahorrar una parte de la exposición que tenía prevista porque quienes me han precedido lo han hecho ampliamente. Permítanme pues centrar mi intervención en cinco aspectos.

Como cuestión previa decirles que ya el Conde de Romanones, en los años veinte decía de forma un poco “canalla” algo interesante que cabe recordar: “Nadie deja el poder voluntariamente”. Efectivamente, nadie cede el poder a cambio de nada a menos que no le quede otra alternativa, porque política y socialmente se le está apretando. Hay muchas formas de apretar. En España hicimos una transición que algunos llaman “modélica”, adjetivo que no entraré a desarrollar, pero sí que fue pacífica. Muy pocos grupos cruzaron la barrera que marca la estrategia política de la estrategia armada. ETA, los Grapo, algunos militares, y algunos policías que hacían “horas extras” vestidos de paisano pero con el arma reglamentaria. Pero no hubo enfrentamiento armado. Las transiciones cruentas tienen una salida mucho más complicada.

La primera pregunta que me hizo el Rey de España cuando siendo diputada y estando embarazada de gemelos- hago un paréntesis- para una feminista pasar a la historia por estar embarazada no deja de ser “extraordinario” pero debo también añadir que lo he asumido muy bien. Pues la primera pregunta que me hizo fue: “¿hay heridos?”, porque la salida del Golpe de Estado al que nos enfrentábamos no hubiera sido igual con muertos o heridos que al haber sido incruento. Pienso que este tema hay que tenerlo muy presente.

Otra cuestión que deseo compartir con ustedes a la hora de exponer la experiencia española de la Transición, es mi voluntad de actuar sólo como un ayudante de cirujano. Tengo mi maletín, lo pongo encima de la mesa, muestro todo el instrumental que puedo ofrecerles a ustedes que son los médicos y son ustedes quienes deciden con qué quieren operar. Dame las tenazas, dame el bisturí… pero la responsabilidad de los cambios es suya. Sólo ustedes conocen sus propias circunstancias, los ritmos que les convienen, las prioridades de los problemas a los que deben enfrentarse, y nosotros sólo podemos ofrecerles lo que tenemos, explicarles lo que hemos hecho y cómo lo hemos vivido.

Es cierto que la España de los setenta y principios de los ochenta no se parece en nada a lo que sucede en sus países en la actualidad. Hay una distancia en el tiempo, en la geografía, con los países vecinos, etc, etc, pero también es verdad que nosotros ya hemos olvidado los peores aspectos de nuestra propia transición y afortunadamente sólo nos acordamos de lo bueno. Personalmente ya he olvidado que en mi coche llevaba siempre una bolsa con el pijama y los utensilios del aseo personal porque nunca sabía dónde acabaría teniendo que ir a dormir. También he olvidado que policías de paisano, de éstos que “hacían horas extras” vinieron a mi domicilio particular a buscarme con pistolas, que las paredes de la escalera de mi vivienda y las del vecindario amanecían con pintadas amenazadoras contra mi, etc. Casi me he olvidado del Golpe de Estado del 23-F. No nos queda más remedio que olvidar para poder avanzar. Así pues, nuestra transición fue menos fácil que lo que ahora explicamos pero hubo suerte.

Déjenme compartir con ustedes algunas reflexiones.

En primer lugar señalar que en política democrática ganar significa estabilidad y sostenibilidad. No hay garantías de expectativa de cambio si no hay garantías de alternancia política. En otras palabras, nadie tiene intención de hacer política pacíficamente si no ve la posibilidad de poder gobernar también pacíficamente. Esto es lógico y por ello es necesario que exista un marco de acuerdo previo que permita la alternancia en el poder. Que los que hoy gobiernan, mañana pasen a la oposición y los que hoy están en la oposición, puedan gobernar. Para que esto se produzca pacíficamente, lo más importante es establecer las reglas del juego. Si no hay reglas del juego, no hay juego y por tanto no hay salida pacífica. Naturalmente que en una transición se producen también cambios de hegemonía política y también económica. Los que hoy lo tienen todo, deben compartir y no pueden seguir teniéndolo todo.

Me gusta poner como ejemplo local el de una zona cercana que llamamos S’Agaró, cerca de Barcelona, con unos esplendidos chalets mirando al mar. En los años 70, los propietarios de estas magníficas casas tenían todos sus orígenes anclados en el franquismo. Era gente que habían hecho sus fortunas a la sombra de la dictadura. En los años 90, la propiedad había cambiado de manos. Los nuevos propietarios eran personas de nuevos sectores económicos, sector de la química, sector de la confección, sector de la perfumería, etc. Los antiguos franquistas habían tenido que vender sus propiedades porque ya no podían sostener con sus ingresos el costo del mantenimiento de las mismas.

Un segundo aspecto que deseo compartir con ustedes es el marco dentro del que el propio “régimen” se enfrentó a la Transición. Desde el mismo Franquismo los sectores más jóvenes o con mejor perspectiva de futuro,  pretendían controlar el timón de algunos cambios para poder reposicionar su grupo social, económico y político en la nueva sala de mandos. Permítanme que les diga que ésto no es posible. No conozco ningún ejemplo en que lo haya sido. La dinámica que se puso en marcha en España, y a pesar de que el marco pactado entre militares, la UCD y el poder económico estaba más o menos claro, cogió velocidad propia y sobrepasó los límites que los sectores hegemónicos habían fijado.

En la recta final de su vida, Franco elaboró un diseño en que segregaba la Jefatura del Estado de la Jefatura del Gobierno. Él ostentaba las dos a la vez. Su idea era que la Jefatura del Estado recayera en el Rey Juan Carlos, nieto de Alfonso XIII y por tanto encarnando la legitimidad histórica pero saltándose a Don Juan, padre de Juan Carlos que nunca reinó, y preparando a Carrero Blanco para que fuese el Jefe del Gobierno. Era una especie de intento de reponer a los Borbones controlados por los neofranquistas de forma que el Jefe del Estado tuviera tutela. El asesinato de Carrero Blanco por ETA dio al traste con este diseño.

Kissinger visitó España para analizar sobre el terreno cómo podía evolucionar una pieza tan importante como España dentro del marco de la Europa del sur donde el eurocomunismo era potente en Italia y el comunismo menos matizado lo era en Portugal. En este marco lo que pudiese pasar en España era importante no sólo para el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo, sino también por la existencia de las bases norteamericanas de Rota y Torrejón.

Estábamos en plena Guerra Fría. Kissinger se encontró con un Franco muy afectado por la desaparición de Carrero Blanco y el torpedo que su asesinato por ETA había representado a su proyecto. La preocupación de Kissinger a la vista de la situación lo empujó a buscar un nuevo interlocutor en la persona de Fraga Iribarne, entonces Ministro de Gobernación. Ambos pactaron los límites del marco de partidos políticos que debían ser legalizados y acordaron que el Partido Comunista quedará fuera del sistema y los radicales más ultras también. En cierto modo fue una re-edición en el siglo XX de la Restauración Española de Cánovas y Sagasta.

Así pues España quedaba bajo tutela. Los norteamericanos tenían y tienen experiencia en “tutelar”. No hay que olvidar el papel que tuvieron en la redacción de las constituciones alemana y japonesa después de la Guerra Mundial y la Guerra del Pacífico.

De los equilibrios que se hicieron desde el neofranquismo para tratar de hacer evolucionar la política española les voy a leer un breve texto que es una auténtica “filigrana”. Ustedes que son de una cultura que conoce bien a los árabes, saben bien el laborioso y maravilloso trabajo que con detalle y precisión hacen sus artesanos con oro y plata. Un hombre leal al Rey Juan Carlos que recibió del mismo Rey el encargo de canalizar la reforma política tras la muerte de Franco, Torcuato Fernández Miranda, fue el encargado de buscar a la persona adecuada para llevar a la práctica el plan y la encontró en Adolfo Suárez quien fundó el partido Unión del Centro Democrático (UCD). El Rey lo nombró Presidente de las Cortes y pasó a ser el encargado directo de que los parlamentarios españoles elegidos a dedo y más tardíamente por el sistema de “tercios familiares” se hacieron directamente el “harakiri”.

Aquí va la filigrana de Don Torcuato:”soy socialista sin llegar a marxista-soy liberal pero sin llegar al libre mercado y soy joseantoniano sin ser falangista”. Ustedes ya saben que José Antonio Primo de Rivera fue el inspirador ideológico de Falange Española. Estarán de acuerdo conmigo que tal filigrana no hay quien pueda digerirla pero también reconocerán conmigo que era un hábil ejercicio que trataba de encaminar un nuevo rumbo nada fácil.

Rápidamente quiero pasar a señalar dos puntos claves en el éxito de la Transición española, en primer lugar un gran sentido de la responsabilidad por parte institucional: la monarquía. Podemos discutir si esta responsabilidad era debida exclusivamente a su sentir democrático o tenía también que ver con el entorno familiar. Su suegro, el padre de su esposa, Sofía, había pactado con los militares en Grecia y había tenido que abandonar el país. Su abuelo, Alfonso XIII pactó con Primo de Rivera y también vio como la República lo echaba. Por tanto dentro de la familia, la reincidencia en el error debía estar presente de forma no deseada y debían tener todos claro que el pacto con los militares si no era para facilitar un marco de reforma democrática, era inviable.

Además de la responsabilidad institucional hubo una gran responsabilidad política. Cuando Santiago Carrillo, el dirigente del Partido Comunista pactó con Adolfo Suárez la legalización del PC lo hizo a cambio de tres cosas: primero, aceptar la monarquía como sistema político y guardar en un baúl la bandera republicana y sus proclamas sólo para consumo doméstico del partido. Segundo, dar su apoyo máximo a Adolfo Suárez y su partido la UCD especialmente en lo que respecta el control de la calle.

El Partido Comunista tenía como correa de transmisión al sindicato Comisiones Obreras en los centros de trabajo que tenían una gran capacidad de movilización, sin duda los que más. Suárez pacta con Carrillo que no se pasarán.

El tercer elemento del pacto fue que Carrillo haría declaración pública expresa de abandonar el Leninismo. En los estatutos y documentos estratégicos del Partido Comunista constaba claramente la ideología Marxista-Leninista. Mientras que en los del Partido Socialista Obrero Español sólo se reseñaba la ideología marxista. Los socialistas les dejábamos siempre un poquito más a los comunistas. No resultaba responsable legalizar un partido marxista-leninista y además el amigo americano estaba aterrorizado pensando que o bien tomarían el Palacio de Invierno o bien si llegaban al poder nunca más iban a convocar elecciones. Se trataba por tanto de dar muestras visibles de sentido democrático. El PC tenía que abandonar el leninismo y el PSOE por boca de Felipe González abandonaría el marxismo. Todo ello para tranquilidad de los norteamericanos, y de los “aliados” en general, especialmente de los amigos alemanes, quienes teniendo la frontera de la Guerra Fría dentro del propio Berlín, ese tipo de cosas les ponía bastante nerviosos. Implícitamente era la garantía de que se respetaría el marco de convocatoria electoral.

La responsabilidad política alcanzaba también a la sociedad civil. Todo el asociacionismo: asociaciones vecinales, asociaciones de amas de casa, grupos de ateneo, asociaciones culturales, etc estaban por la labor. Déjenme añadir una organización que a mi me encantaba y se llamaba Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, señoras de clase media y alta que estaban también a favor de la Ley del divorcio cosa que me parecía fantástica. Su límite era la ley del aborto. Así pues sindicatos, asociaciones, movimiento estudiantil y movimiento de mujeres constituían una trama ejemplar de formación y contención política.

Muchas mujeres nos movilizamos a favor de la democracia y muchas, mujeres dentro de las filas comunistas no estaban dispuestas a postergar a un segundo momento político los derechos de la mujer. Cierto que los representantes masculinos, especialmente del Partido Comunista y del sindicato Comisiones Obreras, pero también de otras organizaciones, exigían que no nos distrajéramos, que primero era la lucha por la democracia y los derechos sociales y que los derechos de las mujeres ya vendrían posteriormente. Pero muchas de nosotras no estábamos dispuestas a que nuestras reivindicaciones quedaran en un segundo plano. Creíamos y sigo creyendo que en los procesos de cambio deben hacerse varias cosas a la vez y que las reivindicaciones a favor de las mujeres no pueden quedar aplazadas “sine die”.

Queríamos una ley del divorcio, del aborto, la despenalización del adulterio, la legalización de los anticonceptivos, etc y también exigíamos la presencia de mujeres en las listas electorales en todas las convocatorias. Por ello elaboramos una plataforma y visitamos las sedes de los partidos políticos dando a conocer nuestras posiciones. Las mujeres acusadas de adulterio según el Código Penal iban a la cárcel mientras que los hombres que eran acusados de adulterio además de no ir a la cárcel eran socialmente aplaudidos por “machos”. No se rían porque lo cierto es que quienes necesitan más de una mujer será porque no tienen contenta a la primera ya que cuando hay alegría las mujeres estamos mucho más dispuestas a atender las demandas del compañero. Y permítanme estas picardías porque estas cosas son mucho más importantes de lo que a menudo parecen.

Las mujeres pedíamos un código de familia que no nos perjudicara y con todo el respeto a cualquier cultura no me parece correcto casar a hombres de 60 años con niñas de 8, ni en Arabia Saudí ni en ningún otro del mundo porque los derechos de familia tienen que contemplar los derechos humanos y las libertades individuales. No deseo ser impertinente pero me veo casi obligada a hacer este comentario.

El segundo aspecto que quería comentar es la necesaria claridad de objetivos. Teníamos claro que queríamos la democracia, un nuevo marco constitucional, los derechos políticos, los derechos civiles, los derechos sociales, la paridad entre hombre y mujer pero había otro tema extremadamente interesante que era la descentralización del poder político a territorios con personalidad propia desde el punto de vista de la historia, la cultura, y el idioma como Catalunya y el País Vasco. Queríamos que el sistema político fuera un sistema de proximidad. ¿En qué marco y hasta qué nivel dichos territorios iban a poder decidir de forma autónoma y por si solos y en qué temas debían coordinar sus decisiones con el gobierno de España?

Como les he señalado anteriormente desde el punto de vista de los partidos políticos para los neofranquistas el límite era el PC. Es probable que en sus respectivos países el límite sean algunos partidos de corte intransigente del islamismo más radical. Aquí había terror a que el Partido Comunista ganara las elecciones pero acabó con solo un 10% de los votos siendo la mayor parte de estos votos de Catalunya donde el PC tenía la patina más eurocomunista, es decir menos radical. Eso es muy interesante de analizar porque cuando no existe marco democrático los grupos más activos parece como si fueran los hegemónicos porque son los que se mueven mejor en la clandestinidad. Pero cuando hay democracia muchas personas que suelen no movilizarse votan y dan un resultado mucho más significativo y re-equilibran ideológicamente el mapa político. Personalmente creo que este es un punto muy interesante a tener en cuenta en sus países.

Otro comentario que quería hacerles es referente al sistema electoral. La pregunta es: ¿en una transición política el sistema mayoritario como por ejemplo el que se aplicó en Argelia es mejor o es mejor el sistema proporcional?

En plena transición política en Argelia el FLN entonces dominado por los llamados “chicago boys” que se habían convertido al liberalismo radical sin matices de Milton Friedman, me convocaron para hablar de la Transición Española. Su obsesión era conocer la estrategia de la UCD y los votos que obtuvieron en las primeras elecciones confrontándolos con los votos obtenidos por las restantes fuerzas políticas especialmente el PC.

En una transición a la democracia pienso que lo mejor es favorecer que todos los puntos de vista, que aceptan el sistema democrático puedan acceder al parlamento. Insisto en que deben aceptar el sistema democrático para poder garantizar en el futuro la convocatoria de nuevas elecciones sea quien sea el ganador. Y para ello deben manifestarse públicamente aceptando el sistema y demostrándolo. Esta es la razón por la cual la judicatura española no legaliza algunos grupos pro etarras.

Aclarado este punto, lo mejor es que todos los matices ideológicos estén dentro del Parlamento. Mejor dentro del sistema que fuera. Hay quien piensa que el ejemplo israelí contradice este punto de vista por la dispersión del voto en innumerables partidos políticos. Pienso que Israel en eso como en otras cosas, es un ejemplo único y permítanme la ironía “afortunadamente”, por el origen disperso de sus habitantes y su pequeña dimensión y los pocos habitantes que tiene. El sistema proporcional es, creo, el más adecuado en un momento de transición y hasta que la sociedad no se haya trabado democráticamente.

Otra consideración la quiero dedicar a mis buenos amigos palestinos que son de temperamento y de manera política de ser tan mediterráneos como los italianos o los españoles. Cuatro personas son capaces de constituir un partido político. Es característica política común la pasión por la discusión y la divergencia. Casi siempre queremos convencer, casi adoctrinar al otro, cuando en política lo realmente importante no es convertir al adversario a nuestras ideas si no llegar a puntos de acuerdo para actuar de forma conjunta. Lo importante es la estrategia coincidente para poder avanzar. Aquí el elemento unitario es importante. Durante la Transición en España, hubo numerosas iniciativas unitarias: la Plata-Junta, la Junta Democrática de la Asamblea de Intelectuales y Artistas y en Catalunya teníamos la “Assamblea de Catalunya” donde coincidíamos marxistas-leninistas del Partido del Trabajo de España, ya desaparecido, militantes del Movimiento Comunista, y otros grupúsculos a cual más exótico. Todos desaparecidos, porque dentro del marco democrático el espectro político se clarifica. Así pues, el Rey, Torcuato Fernández Miranda –el de la filigrana, Suárez, Carrillo y González fueron sin duda los pilares esenciales de la transición democrática en España.

Con ello quiero entrar a un nuevo punto y es la necesidad de liderazgo. Sin liderazgo las cosas se complican mucho. Había liderazgo político pero también había liderazgo dentro del movimiento ciudadano y vecinal de modo que la sociedad civil tenía interlocutores representativos con los que se podía hablar y llegar a acuerdos.

Paralelamente al liderazgo hay otro elemento que es la confluencia de intereses. Yo pertenezco al Partido de los socialistas de Catalunya que en la época de la Transición pusimos en marcha un proceso que llamamos constituyente y que duró más de un año para logra aglutinar en unas solas siglas el amplio espectro de la ideología socialista. Para lograrlo fue necesario limar personalismos. No se trataba de absorber a los demás y mantener la hegemonía política sino de hacer una nueva filigrana de forma que, aunque el grupo originario al que yo pertenecía era mayoritario en relación con los que nos juntábamos, supimos incorporar, compartir e integrar y no absorber de modo que acabamos constituyendo un único partido mucho más fuerte y posicionado en la sociedad con el que hemos cosechado y cosechamos buenos resultados electorales.

Como tercer y último punto es necesario armonizar las propuestas y visibilizar las posibilidades. Tuvimos serios problemas añadidos al terrorismo etarra: el terrorismo de extrema derecha. Hubo muertos en manifestaciones y en acciones agitadas por elementos del sistema que actuaban en muchas ocasiones al margen del sistema. Elementos vinculados a la Triple A Argentina desembarcaron en España de la mano de López Rega acusado de corrupción y también otros grupos de extrema derecha italianos. Dichos grupos conectaron con los aparatos policiales del Franquismo para trabajar conjuntamente a favor de la involución, es decir en contra del avance democrático. Estos grupos tuvieron conexiones con los atentados de Atocha como mínimo armando a Inestrillas y a sus compañeros y constituyeron una dificultad adicional en el proceso.

Pero se trabajó bien además dentro del ejército. El primer Ministro de Defensa socialista, Narcís Serra, fue especialmente hábil respetando los sistemas establecidos en el reglamento de Ejército Español para los ascensos, pero eso sí, se saltaba algunos. Él, de acuerdo con los servicios de Inteligencia, sabía qué militares del escalafón aceptaban o no la nueva Constitución e hizo otra filigrana. Ninguno de los mandos que no aceptaban la nueva Constitución tuvo a sus órdenes tropa. Ninguno tuvo mando con los soldados. No era fácil, porque en los cuarteles además de la foto de Franco que continuaba presidiendo se leían sólo periódicos de ultraderecha. Para esta labor contó con una ayuda muy especial, su mano derecha Luis Reverté que tenía memorizado el nombre de todas las esposas de militares de alta graduación con las fechas de las onomásticas y los aniversarios de boda. Nunca les faltó a estas señoras las flores y la felicitación. Como ya he comentado en algún otro punto de mi exposición este tipo de actuaciones que pueden a primera vista parecer banales, no lo son en absoluto. A las personas nos gusta que nos quieran, que se acuerden de nosotros, que nos tengan deferencia y a los militares también. Se lo  explico porque creo que esto a ustedes les puede ser útil.

Ya para acabar soy también de los que cree que no ayuda en absoluto en la evolución de los sistemas políticos en los países árabes poner en el mismo cesto Hamás, Hizbula y Al-Qaeda. Este cocktail es indigesto y aún no siendo en absoluto favorable a Hamás, debemos reconocer que las elecciones en Cisjordania y Gaza fueron un ejemplo de proceso democrático como han testificado todos los observadores internacionales, aunque luego quienes con tan ahínco defendemos dicho sistema no nos haya gustado el resultado y hayamos decidido no aceptarlo.

Debemos avanzar en el debate ideológico para clarificar y matizar las distintas posiciones. Todo mezclado nos va francamente mal. Hay caminos para que grupos que están en posiciones que no compartimos puedan evolucionar hacia posiciones que sí podríamos aceptar. Recuerden a Kissinger durante la Transición Española y su pacto con Fraga Iribarne, él ponía los malos comunistas en un extremo y los quería dejar fuera del sistema y sin embargo la propia evolución de la Transición española obligó al presidente Suárez a legalizarlos y con esta legalización consolidó de forma importante el proceso y le dio credibilidad democrática. Volviendo al presente, soy optimista. La elección de Barack Obama puede ayudar mucho, pero olvidemos delegar en otro todo el trabajo, por poderoso que sea. Todos y cada uno de nosotros debe hacer su parte del todo.

Muchas gracias por su atención.

Bibliografía:

AREILZA, José María; Cuadernos de la Transición. Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1949.

BALLETBÒ, Anna; Una Mujer en la Transición. Ed. Flor de Viento, Barcelona, abril 2004.

BALLETBÒ, Anna, y otros; La liberación de la Mujer: Año cero. Ed. Granica, Barcelona, 1977.

BUSQUETS, Julio. Militares y demócratas. Memorias de un fundador de la UMD y diputado socialista. Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1983.

FARRÀS, Andreu, y CULLELL, Pere; El 23-F a Catalunya. Ed. Planeta, Barcelona, 1998.

FERNÁNDEZ-CAMPO, Sabino; Un hombre de Estado. Ed. Planeta, Barcelona, 2000.

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PRIETO, Martín; Técnica de un golpe de Estado: el juicio del 23-F. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1992.

VIÑAS, Ángel; Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1981.