WESTERN GLOBAL

Anna Balletbò. 07/06/2003

Los recientes atentados en Chechenia, Riad y Casablanca, todos ellos en menos de una semana, confirman las peores hipótesis respecto a la estrategia impulsada por Washington desde el 11 de septiembre del 2001. Estrategia diseñada con anterioridad en el seno del think tank -laboratorio de ideas- “Project for the New American Century” impulsado por el nucleo ultraconservador judeo-cristiano enrocado en la Administración Bush, del que forman parte, entre otros, el Vicepresidente Dick Cheney, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el Subsecretario de este departamento, Paul Wolfowitz, y el politólogo Robert Kagan.

Pero su implantación en escala radicalizada se ha producido en los últimos 17 meses, centrada en: 1) campañas mediaticas; 2) la escenificación de sheriff bueno capaz de derrotar a los malos, todo ello gracias a la capacidad tecnológica; 3) la ampliación del llamado outsourcing, externalización y privatización de actividades, realizadas tradicionalmente por las fuerzas armadas y que pasan directamente a los grupos empresariales vinculados al think tank ya citado, con personajes que entran y salen, entrecruzándose, de la administración a las presidencias o consejos de administración de las empresas beneficiadas.

Para preparar la opinión pública norteamericana a favor del nuevo proyecto para el nuevo milenio, existe un importante grupo de presión que domina la Administración Bush y que representa la extrema derecha del partido republicano. Este grupo controla una potente red de centros de estudios, fundaciones, prensa, radio, televisiones e intelectuales que ejercen enorme influencia. Este universo mediático, cuenta con la cadena de televisión Fox News, del multimillonario australiano Rupert Murdoch, el diario conservador The Wall Street Journal y la revista Weekly Standard y su ideólogo de más peso, William Kristol. Entre los libros que el Presidente Bush ha leído y en los que inspira su política, destacan “Supreme Command” de Eliot Cohen, “Autumm of war” de Victor Hanson y “What went wrong?” de Bernard Lewis. En este último el autor teoriza que el 11 de septiembre es la última fase de un odio antiguo entre el Islam y Occidente. Otro libro de cabecera de la nueva derecha es “Of paradise and power: America vs. Europe in the new world order” de Robert Kagan, publicado el pasado mes de enero.

Con este panorama el guión obligó a impulsar la satanización de Bin Laden para desencadenar la invasión de Afganistán e inventar posteriormente conexiones entre él y Saddam Husein para atacar Irak todo con la falsa posesión de armamento nuclear, químico y bacteriológico. Ahora que la invasión está consumada, se nos dice que la CIA informó erróneamente sobre las armas de Saddam.

El segundo principio nos retrotrae a la imagen del Presidente George Bush a bordo del portaviones Abraham Lincoln, disfrazado de piloto de súper bombardeo, para anunciar la culminación de la invasión de Irak. Es una imagen tremendamente obscena, no menos que la que se hicieron Bush, Blair y Aznar en las Azores, simbólicamente parecida a la famosa fotografía de Hendaya de Franco, Hitler y Mussolini.

Pero el “Western Global” tiene otros simbolismos que encontramos en la baraja de naipes, reedición del Wanted en versión múltiple que ya vimos tras los atentados del 11-S con la imagen de Bin Laden. Y aún peor, es la reproducción del serial killer en la baraja de 52 naipes para eliminar a Saddam y sus principales colaboradores.

Finalmente, la externalización de lo público a favor del capitalismo de amiguetes e,s según Ken Silverstein, autor de “Private Warriors”, un nuevo sector económico que denomina “sociedades mercenarias” hasta el punto que existe una especie de nuevo Silicon Valley de la nueva economía de guerra ubicado en Virginia cerca del Pentágono y donde se halla instalada Vinnell, empresa que ha perdido 9 empleados en el atentado de Riad, donde ofrece sus servicios de formación a la Guardia Nacional Saudí, trabajo por el que percibe millones de dólares. Otras empresas participan activamente en la tecnoguerra produciendo una escandalosa intersección entre negocios privados y recursos públicos. La constructora Bechtel, vinculada a Rumsfeld, se ha adjudicado el contrato mas lucrativo de la reconstrucción de Irak, 680 millones de dólares en 18 meses. Bechtel con Rumsfeld de embajador trató de firmar con Saddam Husein en 1983 un contrato para construir un oleoducto Irak-Jordania que acabara en Aqaba, muy cerca de Israel. La definitiva negativa iraquí en 1987 marcó un cambio en las relaciones Irak-EE.UU. Casualmente, los defensores del proyecto del oleoducto a Aqaba se convirtieron en los más activos defensores de la campaña para atacar Irak. El ataque a Irak se produjo con pleno conocimiento de que no existían armas de destrucción masiva porque las que EE.UU. les había vendido antes de 1991, las destruyeron los inspectores de Naciones Unidas, en el territorio durante 7 años tras la Guerra del Golfo. El ataque a Corea del Norte no parece inminente dado que dicho país sí dispone de suministro nuclear y Rumsfeld lo conoce bien por haber efectuado “lobby” para la empresa suiza ABB, que se hizo con un contrato de suministro nuclear a Corea del Norte. Bechtel reconstruyó tras la Guerra del Golfo de 1991 la infraestructura petrolera de Kuwait por 2.500 millones de dólares. Es interesante conocer que Shultz, asesor de Bechtel, presidió la empresa hasta 1981, en que Ronald Reagan lo nombró Secretario de Estado. Bechtel también fichó al secretario de interior Bill Clark, al ex director de la CIA James Schlesinger y al secretario de defensa Gaspar Weinberger. Por si faltaba algo, Bechtel gestiona un fondo de inversiones en el que han invertido millones de dólares la familia de Bin Laden. Algo parecido ha sucedido con la empresa Halliburton, vinculada al vicepresidente Dick Cheney, experta en hacer negocios en Irán, Irak y Libia y que se vio agraciada con el contrato para apagar los incendios de los pozos en la zona de Basora pocos días después de que su gobierno ordenara la invasión y los provocara. A pesar del apoyo de Gran Bretaña y Australia, las empresas de dichos países han quedado excluidas del supercontrato para la reconstrucción del que se ha beneficiado Bechtel, pero están dispuestos a subcontratar con algunos países “amigos”, los “beneficios inimaginables” prometidos por Jeb Bush, hermano del Presidente. A España le han ofrecido subcontratas por 6.000 millones, aproximadamente un 9% de los 64.625 millones de euros a gastar hasta el 2013, aunque los países que subcontraten no cobrarán de inmediato. Habrá que esperar a cobrar del petróleo iraquí gestionado por Estados Unidos.

La ambición sin límite del capitalismo de amigotes es un peligro real que no repara en daños ni acciones terribles para culminar sus objetivos. Que Dios nos proteja.

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